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Maximiliano y Carlota

La gran tragedia imperial


Huberto Suárez, Diciembre 2014

Nacidos para reinar

Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine de Saxe-Coburg-Gotha et Orléans Bourbon-Deux-Siciles et de Habsbourg-Lorraine, conocida en México sencillamente como Carlota, nació siendo princesa el 7 de junio de 1840, hija única del rey Leopoldo I, el monarca más acaudalado de Europa en su tiempo. Educada por sus familiares debido a la muerte de su madre cuando apenas contaba con 10 años de edad, recibió una estricta formación palaciega, que incluyó conocimientos de administración, política, historia y geografía, además de literatura y artes en general.

Por su parte, Ferdinand Maximilian Joseph Marie von Habsburg-Lorraine-Viena, nuestro efímero emperador, nació siendo archiduque de Austria el 6 de julio de 1832, el segundo hijo del rey Francisco Carlos de Austria y de la princesa Sofía de Baviera. Historiadores contemporáneos atribuyen la paternidad real de Maximiliano al emperador Napoleón II, con quien su madre tuvo amoríos.

El 27 de julio de 1857, a los 17 años de edad, Carlota contrajo matrimonio con Maximiliano, quien a la sazón contaba con 25 años y fue nombrado por su hermano Francisco José, rey de Austria, virrey en el reino de Lombardo-Véneto, en Italia, donde la pareja real inició la construcción de su famoso palacio de Miramar, ubicado en la costa del Mar Adriático en Trieste.

El primer revés de su trágica historia vino apenas dos años después, en 1859, con la derrota austriaca en la Batalla de Solferino, que llevó a la pérdida de las regiones italianas que les habían sido recientemente otorgadas. De nuevo sin propiedades, se retiraron a vivir en su castillo de Miramar.

Asuntos de Estado

A principios de 1860 en México la guerra de Reforma había agotado las arcas del país, y los conservadores combatían las leyes liberales promulgadas por Benito Juárez, quien perdía el apoyo de los Estados Unidos por causa de la Guerra de Secesión. Iglesia y conservadores buscaban reinstaurar el Imperio Mexicano que había iniciado de manera fallida con Agustín de Iturbide, y recuperar los privilegios perdidos del clero católico. Enviaron entonces una comisión a Europa para que alguien de la casa Borbón aceptara la corona mexicana. Rechazados en España, acudieron al emperador de Francia. Napoleón III vio la oportunidad de aprovechar la situación de manera doble: por un lado, extender su imperio a América, y por otro, se podría deshacer del hermano incómodo de Francisco José, Maximiliano, quien en caso de su fallecimiento asumiría el trono de Austria.

Bajo el pretexto de la deuda internacional, España, Inglaterra y Francia confabularon la invasión a México en 1861, que fue conjurada con el Tratado de Soledad. Los dos primeros se retiraron, pero las tropas francesas iniciaron su avance invasor, hasta tomar el control militar y político del país a través de miembros del clero y grupos conservadores.

Convencido por todos, en particular por Carlota, de aceptar el título de Emperador de México a cambio de renunciar a todos sus títulos y derechos nobiliarios en Europa, condición impuesta por su propio hermano, y convencido de que los mexicanos deseaban que un noble europeo guiara su destino y restituyera el orden, Maximiliano decidió quemar las naves, y con su joven esposa se dirigieron hacia México, a donde llegaron en la fragata Novara el 28 de mayo de 1862.

Emperadores de México

El arribo a la Ciudad de México de Maximiliano y Carlota fue fastuoso: un te deum en la catedral metropolitana y grandes fiestas en su honor. Establecieron su residencia en el castillo de Chapultepec, que Maximiliano mandó unir directamente con la catedral y el Palacio Nacional a través del Paseo de la Emperatriz, hoy llamado Paseo de la Reforma.

Se podría decir que la relación de la pareja imperial con México fue amor a primera vista. Viajaron por “su imperio” maravillándose con su riqueza natural, en particular los paisajes volcánicos que les recordaban su tierra alpina, e hicieron suyas la comida, las costumbres y las tradiciones nacionales. Pero también se dieron cuenta de la miseria y la fractura social existentes luego de más de 50 años de guerras sucesivas.

Con verdadera pasión, se dieron a la tarea de crear leyes e instituciones que favorecían a la población en general: abolieron los castigos corporales y el trabajo infantil, se reguló el horario laboral, y realizaron obras para la modernización de la infraestructura en el país.

La emperatriz Carlota estuvo tras de todos y cada uno de estos avances sociales, nombrada Regente del Imperio Mexicano por su marido, quien disfrutaba de estancias cada vez más prolongadas en su casa de Cuernavaca, hoy llamado Jardín Borda, donde era convenientemente atendido por la famosa “india bonita”, Concepción Sedano, con quien concibiera a un hijo no reconocido, Julián Sedano.

Se quiebra el Imperio

Contrario a lo que los confabuladores de su estancia en México esperaban de ellos, los emperadores, con ideas modernas y una verdadera pasión por la que llamaban “nuestra nueva patria”, no solo mantuvieron las leyes liberales de Juárez y la tolerancia de cultos, sino que incumplieron con la palabra otorgada de restituir los bienes eclesiásticos confiscados, provocando la ira del Vaticano y la incomodidad consecuente de sus parientes europeos.

En Estados Unidos la guerra había concluido a favor del norte republicano, que reanudó el apoyo a Juárez, y bajo la Doctrina Monroe, “América para los americanos”, iniciaron las presiones diplomáticas de Washington para el retiro de las tropas francesas del territorio mexicano. Napoleón III, involucrado además en guerras europeas y sopesando la postura del Vaticano, decide en 1866 abandonar al Segundo Imperio Mexicano a su suerte.

Carlota viajó a Europa para intentar convencer a Napoleón III y al Papa de evitar la caída de su imperio, y algunos de sus actos en público llevaron a la conclusión de su locura, por lo que permaneció encerrada hasta su muerte en 1927, a los 87 años de edad, en diversos castillos de Bélgica. A pesar de esa supuesta demencia, Carlota llegó a ser en su momento, gracias al manejo personal de su herencia, la mujer más rica del mundo. Por su parte, el emperador Maximiliano, abandonado por todos, fue capturado en la ciudad de Querétaro con una minúscula guardia fiel, y fusilado en el Cerro de las Campanas el 19 de junio de 1867.

A pesar de su trágica historia, a los mexicanos hoy nos queda claro que Maximiliano y Carlota, sin habérselo propuesto y obligados a venir aquí por las circunstancias de su tiempo, se enamoraron de nuestro país, lo hicieron entrañablemente suyo y buscaron hacerlo un sitio mejor para sus habitantes.

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